martes, 7 de abril de 2009

Garganta

Andaba muriendo como un perro los últimos tres días. Decidí ir al medico de una vez por todas, decidí sacrificar mi semana santa o como vulgarmente le dicen, semana tranca.

-Adelante jovencito, me dijo el doctor Chapatin.
-Doctor, ando muriendo como un perro los últimos tres días, le dije.
-Eso se le nota en la cara, joven.
-¡¿Cómo?!, dije indignado.
-Perdone jovencito, a veces la sinceridad me aflora descuidadamente.
-Ya ya viejo maricón, susurré.
-¿A qué se debe su visita?, me preguntó.
-La garganta doctor.
-¿Qué cosas se estará metiendo en esa boquita?
-Mucho trago, creo.
-Así dicen, ¿quién sabe?
-¡¿Cómo?!, dije algo exaltado.
-Ee ... eee, puede ser una gripe o un vientecito en el cuello.
-Cuidado ¡ah!.
-A ver, abra la boquita .... como anoche.
-¡¿Qué cOOOsa?!
-Como anoche, este ... cuando empezó a toser, digo yo, me dice el doctor algo nervioso.
-Aya- dije, y abro la boca AAAAAAAAAHHHHHHH.
-Uy uy, esta inflamadazo, debe tener cuidado, debe usar lubricante.
-Ahora si ctm, ¿Cuál es tu roche, cuál es tu Cau-Cau?

La situación era descomunal, yo mido cerca de dos metros y el doctor literalmente se puede agarrar a cabezazos con el de abajo.

-No no no, jovencito, digo que ejemmm ... para toser, digo ejem ... que cuando hay tos, ahora hay unas pastillitas que lubrican y así no raspa la faringe, laringe y todas las “inges”.
- Aya, cuidado nomás ¡CHUCHE!- y hago el ademán de amenazarlo con galletazo, tipo lucha libre WWF y el doctorcito se encoge cubriéndose la cabeza con ambos bracitos y levantando su piernita al estilo Samurai Pizza Cat.
-Ya ya joven, me dice.
-Ya ya docto, deme la recete para irme de una vez.
-Ya joven, le estoy recetando inyecciones dobles por una semana, también ...
-Aguanta el carro cuñao, tu tas bien awebao ¿no?, ¿por una semana? ¡Qué sean simples y por tres días!, no me vengas a joder la fiesta de Cristo.
-Como usted mande, tome.
-Ya docto, sale y vale. ¿Cuánto le debo?
-Son ...
-A verdad, ¿la casa invita, cierto?, le digo y cierro el puño en alto y poniendo cara de malo.
-Si si si, la casa invita el trago, me dice.
-Listo doctor, gracias.
-Listo joven, saludos a su señor padre.

Me doy media vuelta y estoy abriendo la puerta cuando escucho el “ Listo joven, saludos a su padre” y con una voz casi imperceptible y chillona después de varios segundos le sigue un “maricón soplacornetas”. Siento como si me pusieran hielo en la parte de atrás del cuello, decido no hacerle caso y continúo con mi camino, lleno de medicamentos y de planes a media caña.

Llego a mi casa y veo que mi papá, arregladito y perfumadito, esta subiendo al carro listo para salir.

-Papá, el doctor Pérez te manda saludos.
-Ese viejo culeado.
-Ah, ¿Chileno es?
-¿Quién sabe hijo, quién sabe?
-Como le dijiste culeado.

Mi papá no me responde, se termina de subir al carro y da la orden de que arranquen. Tal vez tenga plan mi viejo, siempre consigue una que otra interesada en el business. Me encojo de hombros y voy a la sala para ver el partido U – Libertad.

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