Seis y media de la mañana en Miami. Odio Miami, todos los días pienso, lo digo, lo sufro. Pase lo que pase, una vez por semana tengo que despertarme a esta hora, es religioso. Es religioso, no importa el trago, las mujeres o que mi hijo este muriendo. Todos los viernes repito el ciclo, tengo que salir. Me pongo una casaca, reviso el cartucho y cojo las llaves. Manejo cerca de 15 minutos. Odio Miami.
Esos 15 minutos pienso que esta no es la vida que buscaba, Miami es mediocre, Miami no tiene arte, no tiene cultura, Miami es basura. Estoy cansado de los Yo-yo, I kill you bitch, Hey you madafaker. Todos son negros, boricuas, cubanos. Se creen mafiosos, pobres diablos. Todos lucen sus armas, lucen sus cuerpos y le agarran el culo a sus mujeres delante de todos. No son ni mierda, uno solo llora, uno solo implora, uno solo dice que no lo vuelve a hacer, que tiene hijos, perdóneme señor. Cuando están en grupos sacan sus armas y se mueven con ellas, como lo hacen delante de su espejo, los malditos han visto mucho Taxi Driver, te dicen i kill you man, god i kill you. Disparan sus armas cuando saben que no le van a dar a nadie, se mean de sólo pensar en la cárcel. Se creen tipos duros, they are weak, fucking faggots, son débiles.
Lo primero que pensé al pisar Miami fue en las mujeres, la playa y las juergas. No pasaron más de dos mes hasta que la conocí. Ya vamos 5 años como pareja y 3 como padres. El dinero al principio fue duro, ahora estoy holgado, pero estoy atado. Todo el mundo piensa que es fácil, que es emocionante. Al principio es como una película, luego se vuelve una cárcel, tu vida les pertenece.
Llegue al sitio, son los mimos negros de toda la vida, los dos gorilas que me esperan en su carro. Nunca sonríen, yo tampoco, apestamos. Rastrillo mi arma, la guardo, bajo. Wuz up?, bro! Sus manos en el volante, la capucha sobre su cabeza. Activa el botón de la cajuela, recojo el maletín, paso por la ventana del copiloto y le entrego el sobre. No lo cuentan, solo arrancan. No es confianza, mi vida es el seguro. Llego a mi auto y me dirijo a mi casa.
Mientras manejo pienso que a las 7 voy a empezar a aplicar el ácido a los bloques de azúcar, los voy a meter al cooler, tomaré una cerveza y esperare a los primeros clientes. A las 10 iré al club, venderé gran parte. El resto es para mañana, mañana también es el cumpleaños de mi hijo. Como odio Miami, lo odio.
viernes, 19 de junio de 2009
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